La lavandería de barrio es un icono en el imaginario de la comedia romántica: películas referentes cercanas al género como Mi hermosa lavandería, de Stephen Frears o Cosas que nunca te dije, de Isabel Coixet, han utilizado este entorno como localización central para los encuentros de sus personajes.

Del mismo modo, la directora Eva Quintas utiliza este recurso como hilo argumental de su cortometraje, rodado en Estados Unidos, Soap Opera, en el que muestra cómo surge una relación amorosa de manera peculiar. La directora crea un escenario propicio para el amor en una lavandería norteamericana y aprovecha los ciclos de lavado, centrifugado, secado y posterior doblado para estructurar su historia.

En una lavandería repleta de personas esperando para lavar su colada, Chico conoce a Chica y deciden compartir una de las lavadoras: es el ciclo del lavado. A través de cada uno de los ciclos siguientes se va tejiendo su historia de amor: con el centrifugado dan rienda suelta a su romance; con el secado, la historia se enfría: él siente que su historia es algo especial y ella que tan solo se trata de la colada, algo que la gente hace a diario y no tiene nada de especial. Chica deja a Chico. Con el doblado de la ropa, él es traicionado y sufre la pérdida. Pero Chica entonces comprende lo que ha perdido y deciden volver a lavar la ropa y empezar de nuevo…

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