El director e ilustrador Javier Rodríguez (AKA El Niño Rodríguez), encontró en un mercado de pulgas argentino una casete de las que se ponían antiguamente en los contestadores automáticos. En ella encontró un tesoro: diez mensajes de contestador de una mujer, María Teresa, dirigidos a su presunto amado, Enrique. En los mensajes, María Teresa está nerviosa, impaciente, necesita hablar con Enrique desesperadamente, hasta que en el último mensaje de la cinta oímos respuesta al otro lado: su amado por fin levanta el teléfono y habla con ella.

El director decidió hacer una versión en cortometraje de estas conversaciones que resumen una historia de amor. Fue lo que llamó: Ni una sola palabra de amor. La historia de Enrique y María Teresa. En el corto, la actriz Andrea Carballo interpreta la voz de María Teresa mirando a cámara como si esta fuera su Enrique.

Este peculiar cortometraje, de 2012, generó un gran revuelo en Argentina. Hasta tal punto, que el diario Clarín localizó a la verdadera María Teresa y su amado Enrique, quienes a día de hoy, ya con 75 años, aún siguen juntos. Enrique contó al diario que la casete correspondía al 98 (pareciera a priori mucho más antigua), cuando la pareja se separó temporalmente. En una entrevista a María Teresa, esta comentaba sobre el corto:  “Qué raro es esto de ser famosa y conocida. En esta historia salió a la luz una intimidad que da lugar a la imaginación de la gente. Con esto, me empezaron a llamar todos los amigos y familiares que nos habían reconocido. Ahí nos empezamos a sentir extraños y yo a dar mínimas respuestas. No podía contar toda la historia porque es larga”.

El corto en realidad relata un pequeño episodio en una relación matrimonial de 30 años: “Uno piensa que era un drama amoroso pero había otras connotaciones, problemas financieros… Todavía es más interesante para las mujeres porque debemos ser muchas las que estamos en esas situaciones. Yo le había dado un raje violento pero necesitaba que volviera. Yo siempre digo que si viene Campanella y me pregunta sobre la historia, hacemos una película ya”.

A María Teresa le encantó el vídeo; le pareció que la actriz interpretaba muy bien, aunque ella decía tener un carácter mucho más fuerte, como se aprecia en la voz durante todas las llamadas. En todas menos en una, y es justamente en la que Enrique contesta, y ella cambia su actitud: “En ese momento estaba ansiosa porque había urgencias para resolver y había tomado la decisión de echarlo; pero no era lo que quería. Son esas ambivalencias que también tenemos las mujeres, por eso el cambio del tono de voz cuando me atiende. No lo cambié porque fuera una boluda, al revés, lo cambié porque una sabe cómo hacer para que no se ahuyente. Si yo seguía con el mismo tono, él no iba a venir. La receta es saber cuándo cambiar el nivel de voz del reclamo; siempre intentás lograr un propósito”.

Lo cierto es que Ni una sola palabra de amor. La historia de Enrique y María Teresa, es una apasionante y adictiva historia de amor que, precisamente por la verdad que transmite, deja sin aliento hasta el final.

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