El 8 de noviembre de 2013, el tifón Yolanda (internacionalmente conocido como Haiya) arrasó Filipinas, dejando a su paso más de 6.000 muertos, absoluta devastación y a Eva Jocelyn, un carguero de 3.000 toneladas, varado cien metros tierra adentro, en el distrito 68 de la ciudad de Tacloban. En su errático recorrido, el barco destruyó una docena de casas y causó varias muertes. Pero poco tiempo después, la vida renació a su alrededor. El documental El último viaje de Eva Jocelyn, dirigido por Daniel Burgui Iguzkiza y Andrés Salaberri Pueyo muestra la vida de los habitantes de esta zona en las semanas posteriores al paso de Haiya.

Este barrio fue uno de los más devastados en toda la ciudad de Tacloban. Durante varios días, permaneció aislado y desconectado del resto de la ciudad: tal era la montaña de escombros que hasta pasados nueve días no pudo abrirse del todo la carretera en la que el Eva Jocelyn, un enorme buque de 3.000 toneladas, quedó varado. Pasaron hasta tres días sin comida y sin agua. María Rosario Bactol, la capitana de este distrito, recuerda que aquí vivían cerca de 2.800 personas, la mayoría de esas 650 familias eran humildes vendedores de pescado, pequeños comerciantes y gente sin muchos recursos. Antes del tifón tampoco era una de las mejores zonas, muchas de las casas fueron construidas de forma irregular. Un barrio que salía adelante como buenamente podía.

“Era sin duda uno de los lugares más vulnerables de la ciudad”, cuenta Claire Allard, experta en seguridad alimentaria de Acción contra el Hambre. “Antes de que llegase el tifón, ésta ya era una barriada muy necesitada, y ahora tienen unos enormes barcos delante de sus narices, todas sus casas han sido destruidas y algunas autoridades no desean que las familias se reasenten aquí”, explica la cooperante. Es por eso que Acción contra el Hambre comenzó a trabajar en esta zona de forma prioritaria y fue una de las primeras ONG en llegar. Incluso cuando el barrio aún permanecía aislado.

“La emergencia en este barrio no era de nutrición, pero debíamos y debemos trabajar en la prevención. Van pasando las semanas y si no actuamos, si no mejoramos la dieta de los niños y las madres y, sobre todo, si no ofrecemos formas de reconstruir las vidas de esta gente, será la perdición”, explica Allard.

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