Costus, el documental, dirigido por el mexicano Ernesto de Chicote, no es otro documental más sobre La Movida Madrieña, sino sobre los que pueden ser considerados como el origen del movimiento.

Allá por la época post-franquista, cuando España se convirtió en parte de Europa y empezó a creer en que podía existir eso del bienestar social, tras tantos años “en blanco y negro”, surgió la necesidad por parte de algunos de invadir la sociedad de color, de vivir algo completamente desconocido: la libertad. Así lo cuentan en el documental varias voces de la época, como el músico Joe Borzani, el pintor Guillermo Pérez Villalta, el músico Fernando Márquez, el galerista Txomín Salazar o, como no, la cantante Alaska.

En el Madrid de entonces, la creatividad se conjugaba con la diversión y producía escándalo. A este escándalo se le comenzó a llamar “La Movida”. El término, como recuerda el crítico musical Jesús Ordovás, se utilizaba en el mundo del rock para decir que algo estaba pasando, por ejemplo, un concierto o una reunión. Se empezó a usar en la prensa generalista,  y cuando Francisco Umbral escribió en El País: “está ocurriendo una movida en Madrid y participan Alaska y Ramoncín”, el término se generalizó.

Alaska comenta que La Movida no fue algo generacional, sino que se juntaban gente de 13 años con gente de 30, que eran los descartados de cada generación. Era la primera vez después de la guerra civil española en que se unían las generaciones de los jóvenes y los mayores y ocurría una simbiosis. Se trataba de gente completamente diferente que estaba creando música, pintura propias y también su propia moda. Todas las artes estaban interrelacionadas.

Guillermo Pérez Villalta habla de La Movida como un movimiento que la alta cultura despreciaba. Y, en cuanto a su orientación ideológica, la derecha consideraba que la movida estaba apoyada por el socialismo, -algo incierto, a la izquierda no le interesaba nada, ya que los consideraban chicos de papá de derechas-. La realidad es que eran jóvenes que lo que querían era pasarlo bien, grabar discos y hacer conciertos.

De entre todos los artífices de la Movida, se considera que los “fundadores” son dos artistas andaluces: Enrique Naya y Juan Carrero, quienes habían huido del ambiente provinciano de Cádiz y que más tarde serían conocidos como Costus. Llegaron a Madrid en medio de la transición, abrieron las puertas de su casa en la Calle Palma de Malasaña y allí dio comienzo La Movida Madrileña: su casa era el foco donde surgía todo: Pedro Almodóvar rodaba allí sus películas, Alaska estaba allí todas las noches, …todos pasaban por allí.

El productor Miguel Angel Arenas confiesa que se trataba realmente de niños de papá: Carlos Berlanga, hijo del cineasta Luis García Belanga, Nacho Canut, hijo del dentista del Rey; todos vivían en sus casas y los únicos “valientes” que vivían en Malasaña en aquella época eran Costus. Hasta tal punto que Francisco Umbral llamó a la casa de Costus la “casa convento de estrellas descarriadas donde infantes terribles se unen para burlarse del mundo tan serio que sus padres han creado”. Pero lo cierto es que la casa de Costus (término que venía de Costureras, porque se pasaban todo el día pintando) era una pequeña factoría de creación donde la libertad que se respiraba empujaba a visitarla y de ahí a manifestarse artísticamente.

Costus, el documental, hace un repaso a todo un movimiento a través de la trayectoria de estos dos artistas que se unieron y crearon Costus, con cuyo nombre decoraron el mítico bar La Vía Láctea y realizaron grandes y transgresoras exposiciones como “El Chochonismo Ilustrado” o “El Valle de los Caídos”.

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